EPISODIO 23

 

El teatro es otro de los ámbitos donde la traducción puede ser protagonista. Muchas de las obras con las que hoy reímos, lloramos y suspiramos llegan a los escenarios de todo el mundo gracias al talento de personas como Alejandro L. Lapeña, quien actúa, dirige, escribe, adapta y traduce obras de teatro hace más de una década.

Alejandro es licenciado en traducción e interpretación por la Universidad de Granada en las especialidades de francés y portugués. Además, es doctor por esa misma universidad desde 2015, con su tesis sobre la traducción teatral “Traducir un arte vivo. Bases para un modelo de análisis de la traducción teatral”. En 2015 empezó a trabajar como traductor autónomo, pero desde 2004 se desenvuelve en el ambiente del teatro aficionado, universitario y semiprofesional.

Su primer acercamiento al teatro fue a los 16 años. En una clase de Ética, el profesor le propuso hacer una pequeña dramatización y quedó muy contento con el resultado. Por recomendación de su profesor se unió al grupo de teatro del instituto donde estudiaba y quedó fascinado. Cuando llegó el momento de elegir una carrera, él ya sabía que quería estudiar en Granada y que le gustaban mucho los idiomas. Después de investigar un poco y enterarse de que en la Facultad de Traducción de Granada había un grupo de teatro, no tuvo más nada para pensar. Convencido de la profesión que eligió y con el grupo de teatro como actividad complementaria, fue avanzando en la carrera hasta que, en 2009, los profesores le propusieron traducir una obra de teatro portuguesa y montarla. Encantados, le encargaron otras tres obras más que también se montaron.

Toda la experiencia que Alejandro fue adquiriendo mientras estudiaba y actuaba está plasmada en un libro de su autoría que se llama “A pie de escenario: Guía de traducción teatral”. El libro, basado en su tesis doctoral, busca acercar al público en general al procedimiento de traducción teatral. Está escrito en un lenguaje muy llano para que cualquier persona pueda leerlo, entenderlo y disfrutarlo. Su intención era crear una especie de primer contacto y responder a preguntas tales como: ¿qué es la traducción teatral?, ¿qué problemas tiene y cómo se solucionan?, ¿qué puntos de vista hay acerca del tema?, etc. Además, al final del libro se incluyen casi 20 páginas con bibliografía para que los lectores puedan ampliar los conocimientos si lo desean.

En Argentina, pareciera que esta rama de la traducción no está muy desarrollada. Sin embargo, en España, Alejandro observa que los traductores teatrales poco a poco van cobrando más relevancia y “cada vez hay una aproximación mayor entre el traductor y los demás agentes del teatro”. En su experiencia, surgen cosas muy buenas de la colaboración entre los actores, directores y traductores. Reconoce que muchas veces a estos les gusta mejorar el guión y darles su propio toque, pero es responsabilidad del traductor explicarles en qué cosas se puede ser flexibles y en qué otras se debe respetar el original para conservar su esencia.

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